CrítiK-s Literarias

Tuesday, November 21, 2006

La dama del perrito, Antón Chéjov, 1899.


“La dama del perrito” resulta ser un excelente cuento donde don Antón Chéjov plasma su estilo melodramático. Nos pinta una historia de contrastes, una historia de personajes que parecen “normales” pero en una mirada, una sonrisa o un pasar se oculta una finísima narración. Los estados de ánimo resultan ser una compleja vida de incertidumbre, de ilusión y de amor.

En sus personajes nos identificamos, no sentimos vivos aquí y en cualquier lado.

La historia.

La dama y el perrito no es la excepción. Dimitri Dimítrievich Gúrov es un transeúnte que acaba de llegar a Yalta y se encuentra con que existe una mujer, una dama joven, menudita, rubia, con boina; tras ella corría una perro lulú blanco...”la dama del perrito”

Dimitri era un hombre que casi siempre criticaba a las mujeres y las calificaba de “raza inferior”. La razón primordial de dichos sentimientos hacia las féminas es que era infeliz con su esposa, además ella lo superaba en años a él por mucho y su vida juntos no parecía ser muy amena.

Pero en la dama del perrito, llamada Anna Serguéevna, Dimitri Gúrov veía a una mujer distinta a las anteriores y a cualquier otra.

Pero ella que también estaba casada, sentía que era la primera vez en su vida que estaba sola, en la situación de una mujer a quien siguen, miran y hablan con un solo fin secreto, que no puede dejar de adivinar.

Los encuentros.

Los encuentros fueron cada vez más frecuentes, los paseos al muelle, los viajes lejos de la ciudad, las comidas que compartían, las caminatas silenciosas; el amor crecía sin darse cuenta, pronto no pudieron resistirse y un día en el muelle él la miró fijamente y, de pronto, abrazándola, la besó en los labios; sintió el olor y la humedad de las flores. Lo que se creía prohibido no le pidió permiso al decoro, lo que se pensaba impensable no se preocupó por estar fuera de lugar: ambos yacían en el amor.

Anna sentía que en algún momento de su ingrata vida ella podía llegar a vivir. Cuando me casé con él, tenía veinte años, me angustiaba la curiosidad, quería conocer algo mejor; existe, sin embargo –me decía a mí misma-, otra ¡Quería conocerla! Vivirla... Me quemaba la curiosidad...

Serguéevna no comprendía por que el sueño eterno de que nos espera a ella no lo esperaba, pero de pronto y en el momento inimaginado y con un hombre jamás pensando empezó a sentir.

Guróv apasionado e impaciente, no se separaba de ella ni un paso, pero ella pensativa, insistía con frecuencia en que él confesase que no la respetaba, que no la quería en absoluto y que solo veía en ella a una mujer banal. Su remordimiento la confundía se sentía falible y a la vez mortal.

La despedida.

Pronto el marido de Anna se enfermó y ella se tuvo que marchar de la ciudad que la había hospedado y que le había dado el sentimiento más bello que se puede sentir.

Por su parte Guróv no quería dejar a la mujer, a esa mujer joven, a al cual no vería más, no había sido feliz con él. El la había tratado con cariño y ternura, más, sin embargo la sombra de una ligera ironía, la grosera altanería del hombre feliz... no sentía él que la compensaba ese sentimiento recién descubierto por ambos. Ahora Guróv decía: “¡Qué noches absurdas, que días tan poco interesantes y grises!” Y cómo no sentirse así si se había ido de la ciudad.


El reencuentro.

No obstante, Guróv no podía dejar las cosas así y decidió partir a la ciudad de la mujer que amaba, al encontrarla y verse los dos a los ojos, aquellos ojos que revivían la pasión que se creía oculta, ponía en plano que no se podía obviar lo ya vivido, las memorias, los paseos, los abrazos y los besos. Pero Anna le decía que sufría tanto, mientras él proseguía sin escucharla. He pensado en usted todo el tiempo, he vivido pensado en usted, y quería olvidar, olvidar... ¿Para qué, para qué ha venido usted?

Pronto se tuvieron que decir hasta luego, está vez era hasta luego y ya no un adiós.

Anna Serguéevna y Dimitri Guróv se querían con honda y entrañable ternura y era incomprensible por qué estaba él casado y ella también. Este amor los había cambiado.

Pero ambos se seguirían viendo, comenzarían con este amor que debió ser y... para ambos era evidente que faltaba mucho para el final, mucho, y que lo más difícil y complejo no hacía más que empezar.

Sin lugar a dudas Chéjov es un gran maestro de la literatura, nos deleita con sus cuentos, ¿Quién al leer a Chéjov no se identifica con uno de sus personajes o con los sentimientos intrínsecos en su pluma? Maestro como siempre y único como nunca: ese es Antón Chéjov.

1 Comments:

  • Ahi Fer!Me encantó..me tocará leérmela ahora en vacaciones; está muy tierna y romántica. Imagino que como decís, en efecto el papel mismo de los personajes nos permite identificarnos a nosotros mismos; creo que me va a encantar. Y como veo, tu gran carisma y ternura también se conmovieron..pues claro!!

    By Anonymous Anonymous, at 11:09 AM  

Post a Comment

<< Home